miércoles, 10 de marzo de 2010

La leyenda de Treng Treng y Kai Kai y Tsunami


Hace mucho, mucho tiempo atrás hubo una gran inundación, una salida de mar que anegó totalmente la tierra.

En ese entonces, existían unos cerros grandes conocidos como Treng-Treng y en uno de ellos habitaba una culebra del mismo nombre. Esta era del Bien, un buen espíritu que ayudaba a la gente. Por lo que el cerro donde ella vivía era considerado sagrado.

En lugares bajos de la tierra y en las profundidades del mar vivía Kai-Kai, una culebra enemiga de los hombres, y contrario a Treng-Treng, era un mal espíritu con apariencia de un caballo con alas y cabeza de serpiente llamado también Kai Kai Filu.

Un día Kai-Kai decidió destruir todo lo que habitaba sobre la tierra, haciendo crecer el mar hasta que ésta fuera inundada por completo. Sin embargo, Treng-Treng puso en sobreaviso a la gente sobre las intenciones de Kai-Kai de querer hacer subir el agua.

Al iniciarse la inundación Treng-Treng llamó a la gente para que subieran a los cerros y éstos para poder salvarse empezaron a subir en ellos, subieron hombres con sus mujeres, niños, alimentos y algunos animales de variadas especies.

Luego el cerro Treng-Treng comenzó a levantarse diciendo: Treng-Treng-Treng-Treng, y también los otros cerros lograron despegarse de la tierra ayudados por la culebra Treng-Treng.

Pero no todas las personas lograron trepar a las cumbres, siendo alcanzados por las aguas transformándose en peces, conocidos como Shumpall. También aquellos que tuvieron miedo de los animales (de variadas especies) gritaron, y cayeron al mar convirtiéndose en peces.

Al acercarse la noche Kai-Kai dijo: Kai-Kai-Kai-Kai entonces el mar subió hasta casi cubrir por completo los cerros: Treng-Treng en su desesperada lucha también hizo subir aun más los cerros repitiendo: Treng-Treng-Treng-Treng. Las aguas crecieron tanto que el cerro Treng-Treng llegó cerca del sol, muchas personas murieron quemados por el calor y otros quedaron pegados en el cielo, por lo que tuvieron que colocarse sobre la cabeza una especie de sombrero de greda y cántaros quebrados conocidos como Trülef.

Llegó un momento en que ni el agua, ni el cerro pudieron subir más. A todo esto pasó mucho tiempo, no se sabe cuánto, pero fueron muchas lunas.

Los sobrevivientes del cerro Treng-Treng estando tan alto, sin esperanzas de sobrevivir comenzaron a hacer nguillatunes en conjunto (ofreciendo todo tipo de sacrificios a Chau Ngüenechen para que intercediera y ayudara a Treng-Treng a vencer al malvado Kai-Kai).

Al ser vencido Kai-Kai comienza a descender lentamente el agua y también el cerro Treng-Treng hasta volver todo en normalidad.

En esta gran inundación hubo solamente cuatro sobrevivientes, dos hombres y dos mujeres, más tarde sólo los dos jóvenes (hombre y mujer) fueron permitidos para la continuidad de la especie y se les conoció como Llituche (principio de la gente).

Mientras tanto los hombres que treparon en los otros cerros no regresaron nunca más ni se tuvo noticias de ellos.

Kai Kai y Tren Tren – Las serpientes del mar y de la tierra

Un mito mapuche sobre el diluvio universal y el combate librado entre las serpientes del mar y de la tierra presentado en forma de animación.

Dice la leyenda que un día la poderosa serpiente del mar Kai Kai ordenó a las aguas invadir la tierra. Pero topó con Tren Tren, la serpiente de la tierra, que defendió a los hombres de la furia de su enemiga, invitándolos a refugiarse en los cerros. Al final los hombres realizaron un sacrificio para calmar a Kai Kai, las aguas se retiraron y los supervivientes, los mapuches, volvieron a poblar la tierra.


UNA HISTORIA MAPUCHE: LA SERPIENTE TREN TREN Y EL DILUVIO


Mapuche durantre un niguillatun moderno. Danza este miembro del pueblo que cree que, en el origen del mundo, se produjo un esencial combate entre dos serpientes: la serpiente tren tren, fuerza del bien, y la serpiente Kai-Kai Filu, la potencia del mal. (Foto en Los araucanos en el misterio de los Andes, de Aída Kurteff, interesante obra sobre la dimension sagrada de los mapuches).



Antes, mucho antes de que llegaran los blancos y lo mataran, Dios vivía en lo alto con su mujer y sus hijos, reinando sobre el Cielo y la Tierra. Aunque siempre era Dios tenía muchos nombres: Chau, el Padre, y también Antü, el Sol, o Nguenechén, Creador del Mundo. A la reina, que era a la vez madre y esposa de Dios, le decían Luna, Reina Azul, Reina Maga y también Kushe que quiere decir “Bruja”o “Sabia”. Dios había hecho un gran trabajo: había creado el Cielo, con todas sus nubes y cada una de sus estrellas, y la Tierra de gigantescos cordones. Había hecho correr los ríos y crecer los bosques, y había entreabierto sus enormes dedos para sembrar aquí y allá los animales y los hombres, los mapuches. Ahora vivía en el Cielo, vigilando sus creaciones e iluminando durante el día su reino inmenso. De noche, la Reina tomaba su puesto y salía a cuidar el sueño de las criaturas dispersas.Como todos los hijos, crecieron también los de Antü y Kushe. Poco a poco, quisieron ser como su padre, crear ellos también nuevos seres y cosas, no por nada eran retoños de Dios. Y los dos mayores empezaron a murmurar, a criticar a sus padres, y a quejarse: “El Chau y la Ñuke ya están viejos, ¿no será hora de que reinemos nosotros?”.

Dios sufría por ese deseo de sus hijos, sufría y juntaba rabia. Esa rabia trataba de barrerla Kushe, pidiéndole que no les diera importancia, que los perdonara. Pero los rebeldes no desistían; comenzaron a azuzar a sus hermanos más jóvenes y a confabularse. “Por lo menos. Deberíamos mandar sobre la Tierra”, decían, y se prepararon para bajar con sus enormes pasos la escalera de nubes. Entonces el rey Chau dejó salir toda su furia. Uno con cada mano, agarró a sus hijos del mechón de príncipes que colgaba de sus coronillas. Con todas sus fuerzas de Dios los sacudió de arriba abajo y los dejó caer desde lo alto sobre las lejanas montañas rocosas. La cordillera tembló con los impactos, y los cuerpos gigantescos se hundieron en la piedra formando dos inmensos agujeros.

Mientras la furia de Dios se deshacía en rayos de fuego, Madre Luna se precipitó entre las nubes y se puso a llorar lágrimas enormes que caían sobre las montañas, lavaban de una vez sus paredes de piedra e inundaban rápidamente los profundos hoyos. Así se formaron los dos lagos vecinos, el Lácar y el Lolog (1), brillantes como la misma cara de Kushe, hondos como su pena. Entonces el gran Chau quiso atenuar el castigo: permitió que la vida volviera a los cuerpos despedazados y los convirtió en la enorme culebra alada encargada de llenar los mares y los lagos, llamada Kai-Kai Filu.

Pero, príncipes o serpiente, seguía albergando el deseo de derrotar a Dios y reinar de una vez por sobre todas las cosas. Rabiosa, impotente, Kai-Kai Filu se llenó de odio contra Antü y los mapuches, sus protegidos. Y por eso azota el agua de los lagos con su enorme cola, levantando olas espumosas, se revuelve hasta formar remolinos devoradores, empuja la marejada contra los flancos de las montañas queriendo alcanzar los refugios de hombres y animales y, reptando por debajo de la tierra, provoca terremotos con la agitación enloquecida de sus alas rojas. Al darse cuenta de que sus criaturas corrían grave riesgo, Dios busco una arcilla especial y modeló una serpiente buena. Dijo: “Tren-Tren, éste es tu nombre”, y con esas palabras le dio vida. Y antes de dejarla bajar a la Tierra, agregó: “Tu misión es vigilar a Kai-Kai Filu. Cuando veas que comienza a agitar el agua del lago, tienes que prevenir a la gente para que busque refugio y se ponga a salvo...” Pasó el tiempo, y el rey Chau decidió enviar a otros de sus hijos a la Tierra, para tener informes de lo que sucedía y hacer llevar sus instrucciones a los mapuches. El mismo quiso bajar al cabo, y ver con sus propios ojos los frutos de su obra. Dios apareció un día entre los mapuches como si fuera uno más, oscuro, cubierto con un cuero y con la cabeza desnuda. Les enseñó a cumplir los trabajos y respetar el tiempo: el arte de la siembra y la cosecha, la elección de las semillas y la conservación de los alimentos. Y les hizo un gran regalo: el fuego. Así fue como Dios ganó otro nombre: Kume Huenu, que quiere decir “lo bueno del Cielo”.

El rey Chau volvió a su casa y pasó otro tiempo muy largo, tan largo que la gente se fue olvidando de muchas enseñanzas que había recibido, dejó de ser buena y empezó a pelearse entre sí. Ya no había quien hiciera escuchar los consejos de Dios, los propios descendientes de sus hijos hablaban de sus antepasados sin ningún respeto. Y mientras se quejaban de todo e insultaban mirando al Cielo los hombres se robaban y se asesinaban entre ellos...Cada vez que se asomaba a contemplar el estado de su creación, el gran Chau se daba vuelta enseguida y apretaba los labios con amargura. Así empezó otra vez a juntar su rabia divina, hasta que decidió recurrir a Kai-Kai Filu. Y a éste le dijo: "Quiero que agites una vez más el agua del lago, que la superficie se ponga oscura , que chasqueen las olas unas contra otras y salte la espuma blanca, a ver si un buen susto hace que los hombres cambien su conducta". Pero esto también lo escuchó Tren-Tren, la culebra buena que vivía en la montaña de la Salvación. Enseguida lanzó su silbido de alerta, la aguda contraseña que se coló por todas las quebradas como si fuera un viento, convocando a todos los mapuches al cerro Ten-Tren.

Y el pueblo, lleno de miedo, comenzó la escalada. Pero ya el lago los perseguía y, bajo sus pies, las escarpadas laderas se movian, agitadas por los terribles movimientos de Kai-Kai. De modo que hombres, mujeres y chicos rodaban como pequeñas piedras hacia el fondo, mientras el gran Chau enviaba rayos de fuego que aniquilaban a los que lograban sostenerse. Y todos murieron, menos un niño y niña que sobrevivieron en el abismo profundo de una grieta. Unicos seres humanos de la Tierra, crecieron sin padre ni madre, desabrigados de palabras y amamantados por una zorra y una puma, comiendo los yokones que crecían en las alturas. De ese niño y niña descienden todos los mapuches, resucitados. Pero el gran Chau debió de haber muerto un poco con sus criaturas, porque desde ese momento se mostró pocas veces y parecía no escuchar los ruegos de los hombres. Seguramente por eso fue posible que llegaran los blancos y le dieran la estocada final.

Desde entonces la Tierra ya no es lo que era: las semillas no brotan como antes y las cosechas son escasas; proliferan las enfermedades y los chicos no hacen caso a los mayores. En el Cielo las cosas no marchan mucho mejor, rota la alianza entre los astros: la Madre Luna esconde entre las nubes su cara magullada y escapa, escapa siempre, perseguida por un Sol muerto...(*)

(*) Fuente: Leyendas de la Patagonia, Arnoldo Canclini compilador, Ed. Planeta.
(1) Los lagos Lácar y Lolog se encuentran en el Parque Nacional Lanin, en la provincia de Neuquén.



EL ORIGEN MÍTICO
DEL PUEBLO MAPUCHE

Por: Rúbila Araya

Ante el indiferente correr del progreso, y el avance ciego y destructivo de la modernidad, hay aún culturas originarias que conservan los rasgos trascendentales de su universo cognitivo, como rodeadas por un resistente escudo que las protege de la vorágine globalizadora que arrastra al mundo.

A pesar del histórico afán por someter su espíritu indómito, a pesar de la discriminación, a pesar del arrebato de su suelo...a pesar de nuestra incapacidad de abrir mente y corazón e internarnos en el sentir de las personas cuya tierra nos ha albergado a nosotros también. A pesar de todo eso y mucho más, el pueblo mapuche posee algo que todavía nadie le ha arrancado: su cosmovisión, su espiritualidad, su relación mágica con la naturaleza y los antepasados, sus mitos.

En sus creencias, traspasadas de generación en generación a través del relato oral; el cosmos se divide entre el bien y el mal; árboles, plantas y hiervas adquieren valor sagrado; milenarios ritos sirven de nexo con lo sobrenatural; personajes, mágicos o reales, se anticipan a los designios de la naturaleza; mientras que alguna vez las aguas y las montañas cobraron vida.

A continuación, relataremos el mito o Piam del origen del pueblo mapuche, en el cual además se advierte la creación de los lagos y de la montaña, tal vez, el de la alfarería y de la calvicie, y el descubrimiento del fuego. Veremos cierta analogía con el diluvio universal que aparece en la Biblia, lo que nos podría hacer pensar que sí hubo uno y que es el mismo.

Esta tradición que hemos intentado construir a través de los distintos relatos que circulan, y que es sólo una dentro del infinito cosmos de historias y acontecimientos míticos mapuches, está contenida inamoviblemente en la memoria colectiva de este pueblo y viene transmitiéndose desde el más antiguo de los hombres, desde un pasado lejano remoto , o sea, desde un Ruf futrakuifi em.

Las serpientes del diluvio

Al igual que en el cristianismo, la cultura mapuche, también contempla un mito de diluvio universal. Cuenta la historia, que mucho antes de que en la tierra de las araucarias se avistara la presencia de los hombres blancos y lo mataran, Dios vivía en las alturas, junto a su mujer y sus hijos, y desde ahí se encargaba de reinar cielo y tierra.

Dios, además, recibía otros nombres, como Chau (padre), Antü (sol) o Nguenechèn (creador del mundo). Él había hecho el cielo con nubes y estrellas, y la tierra con bosques, ríos, montañas y planicies, animales y hombres.

El cuidado de su creación lo realizaba desde el firmamento, sentado allí iluminaba y vigilaba su reino, alternando esta tarea con su esposa -también llamada Kushe (sabia) Reina Azul o Reina Maga-, quien de noche velaba el sueño de las creaturas, por eso su otro nombre, Luna.

Debido a que sus hijos mayores, movidos por ansias de poder, comenzaron a codiciar el puesto de su padre y bajaron a la tierra para gobernar, Chau, lleno de ira, los cogió del pelo mientras descendían por las escaleras y los arrojó a las montañas rocosas. El impacto de los gigantes sobre la piedra, formó dos inmensos agujeros, los que fueron colmados por las lágrimas de dolor que salieron de los ojos de Kushe, convirtiéndose en los lagos Lacar y Lolog, donde se refleja la brillante cara de la luna.

Nguenechèn, conmovido por el sufrimiento de la Ñuque (madre), decidió atenuar el castigo y devolverle la vida a sus hijos, eso sí, en forma de una enorme culebra alada, Kai-Kai Filu, quien habitaría mares, ríos y lagos. La furia de los príncipes no menguó al ser convertidos en serpiente, y por esa razón, hasta hoy las aguas se vuelven olas espumosas, alcanzan los refugios de los hombres al salirse de sus dominios y causan catástrofes al agitar sus alas en las entrañas de la tierra.

El peligro que asechaba a los hombres, debido a los arrebatos de Kai-Kai, hizo a Dios crear otro ser que pudiera defenderlos de ésta, entonces, con arcilla modeló a la culebra buena Tren-Tren.

Luego de esto, Chau decidió bajar a ver a cómo estaba aconteciendo todo en la tierra, por lo que se confundió entre los mapuches, haciéndose pasar por uno de ellos, y comenzó a instruirlos sobre la naturaleza para que pudieran sobrevivir, les enseñó el tiempo para las siembras, qué semillas elegir, como cuidar los animales y les hizo un importante regalo, el fuego. En este tiempo fue que Dios recibió un nuevo nombre, Küme Huenu (lo bueno del cielo).

Con los años, los descendientes de los hombres comenzaron a olvidar las enseñanzas que en épocas lejanas había dejado el buen Dios, y comenzaron a pelear entre ellos. Por lo que la ira divina una vez más se acumuló y Küme Huenu no encontró otra solución que recurrir a Kai-Kai Filu, para dar una lección a sus creaturas.

Entonces, por los violentos movimientos de la serpiente alada, comenzaron a agitarse las aguas y a desbordarse de los lagos. Tren-Tren, la culebra buena de la montaña, al ver que los mapuches corrían peligro, les comenzó a socorrer para que subieran lo más alto posible al cerro.

Hombres y mujeres corrían aterrados a la cima para aferrarse a los riscos, mientras la mayoría caía a las aguas. Al final, sólo un niño y una niña salvaron con vida al protegerse en la grieta de una roca, se cuenta que éstos fueron amamantados por una zorra y una puma, y comieron de los yokones de las alturas. De los dos infantes descienden los mapuches.

Esta es una de las vertientes de este mito, ya que también se cuenta que al ascender las aguas los hombres subieron a la montaña de Tren-Tren, -que probablemente había adquirido forma de viejo para advertirles a todos el peligro que los asechaba-, provistos de víveres que llevaban en platos de barro.


Quienes cayeron al agua, perecieron ahogados, y más tarde se convirtieron en los peces que fecundaron a las mujeres que acudían a pescar durante la marea baja. De esta unión descendieron los clanes con nombre de peces.


Los que pudieron seguir escalando por la montaña de tres cimas, que se elevaba cada vez más, llegaron tan cerca del sol, que tuvieron que proteger sus cabezas con los platos de barro que llevaban para no seguir quemándose -se cree que éste podría ser el origen de la calvicie-, al final, muchos murieron y otros pocos, una o dos parejas, sobrevivieron al rendirse Kai -Kai.



De todas formas, cualquiera haya sido el desenlace del diluvio, los mapuches creen que Chau debió haber muerto un poco también, porque desde esos fatales acontecimientos remotos no volvió a escuchar los ruegos de los hombres como antes. La luna se escondió tras las nubes, las cosechas escasearon, proliferaron las enfermedades, los jóvenes desobedecieron a sus mayores y llegó el hombre blanco...



TRENG - TRENG
Explica el origen del mundo a partir de la creencia en un gran cataclismo generado por el enfrentamiento de 2 grandes serpientes, Kai-Kai que representa la fuerza del mal y habitaba en las aguas y Treng-Treng que representa la fuerza del bien y habitaba en un monte del mismo nombre.
Kai Kai empezó a subir las aguas de los mares para ahogar a los hombres y Treng-Treng empezó a levantar los montes para que los hombres se protegieran.
Mientras Kai-Kai más subía las aguas, Treng-Treng más crecía hasta casi alcanzar el sol.
La lucha duró varias lunas y muchos hombres murieron, hasta que Kai Kai abandonó el combate y se hundió en el mar.
Solo sobrevivieron algunos mapuches quienes descendieron del monte y poblaron nuevamente la tierra.
Para los mapuches, Treng Treng es un monte sagrado, un lugar de encuentro y salvación.



Cosmogonía mapuche
El mito revivido


El mito de la destrucción del mundo por el agua es universal. Tiene distintas versiones. La más conocida es la del diluvio bíblico que se replica con sus variantes propias en distintas culturas, aun cuando la matriz es la misma: Dios o los dioses, cansados de la humanidad corrupta, deciden exterminarla, o el tiempo agotado se precipita hacia una catástrofe que al destruir el mundo hará posible la renovación del mismo: El agua es el elemento que más se asocia en la mitología con el caos primordial. El regreso a este caos permitiría entonces la creación de un cosmos nuevo.

Tal vez de todos los pueblos, el mapuche es el que más ha experimentado y padecido en carne propia este mito. En su tradición hay una leyenda según la cual existen dos poderes que se manifiestan en sendas serpientes: kai kai, que vive en el fondo del océano y cada cierto tiempo despierta para hacer subir las aguas, y tren tren, que se enfrenta a la anterior, levantando su lomo, es decir, haciendo crecer los cerros de modo de salvar al pueblo mapuche de la inundación.

Por Darío Oses

La lucha entre las serpientes

Así, se entabla esta contienda épica, entre dos seres míticos, uno empeñado en el exterminio y el otro en la salvación del hombre, que debe aferrarse desesperadamente a las cumbres mientras se desarrolla la lucha. Los que son alcanzados por el agua se convierten en peces y se van al mar. Otros prefieren convertirse en piedras. Llega un momento en que tren tren, extenuada, pide sacrificios para aplacar a kai kai porque ya no puede seguir levantando los cerros. Los mapuches matan entonces animales, los descuartizan y los arrojan al agua para conjurar a una kai kai hambrienta de sangre. Si eso no es suficiente, tren tren pide el sacrificio de un niño.

El poder de tren tren tiene un límite: Llega un momento en que no puede hacer subir más los cerros, porque éstos se acercan peligrosamente al sol. Si kai kai no alcanza tampoco a cubrirlos con el agua, los deja como islas y entonces los hombres quedan expuestos a otra de las formas universales de aniquilación de la humanidad: por abrasamiento. Algunos se cubren con utensilios, como platos, a otros el sol les quema el pelo y de ahí vienen los calvos, y muchos terminan abrasados.

Hay versiones que dicen que esta pugna entre tierra, agua y sol se da sólo en un cerro y allí se salva únicamente una pareja que vuelve a iniciar la vida humana. Según otras la contienda abarca a una cantidad de cerros y aunque los sobrevivientes son escasos, pueden formar varias parejas de adanes y evas.


CAMBIO DEL ROL DE LA MACHI EN EL TIEMPO
Por Macarena Suárez B
INTRODUCCION

La machi, o el machi, ha sido una figura fundamental en la cultura, identidad y religiosidad del Pueblo Mapuche.

El contacto y enfrentamiento que tuvieron los mapuches con los españoles y luego con los chilenos (y argentinos) hizo que su cultura, economía y naturalmente su religiosidad pasaran por un proceso de integración cultural.

En este trabajo se presentará de qué manera y hasta qué punto la machi constituye un elemento de aglutinación en momento en que las instancias políticas de su pueblo ven disminuído su poder y/o sus atribuciones.

Se sostendrá como hipótesis que la machi en un proceso histórico ha logrado mantener la unidad cultural básica de su pueblo hasta nuestros días, con las implicancias políticas que ello conlleva. Ella ha sido vital en la pervivencia de una conciencia unitaria, como pueblo con derechos propios e inherentes a su etnia.

El interés de la autora en este tema nació con el contacto que tuvo con algunos mapuches durante períodos de tiempo en que visitó parte de la Araucanía.

Esta monografía comienza con la explicación del origen del hombre según la visión mapuche que se remonta hacia su legendaria leyenda sobre el Ten Ten y Cai Cai, o también llamada Tren Tren y Kai Kai. Luego se informará sobre la estructura del pueblo mapuche en el período prehispánico, considerando también su religión y sus más significativos e importantes rituales, conducidos en su mayoría por la machi. A continuación, y de manera breve, se presentará la conquista española-chilena con sus respectivas influencias sobre estos indígenas, para luego tratar el punto más importante de este trabajo que es el cambio del rol de la machi, quien de cumplir esencialmente funciones de sacerdotisa pasa, posteriormente, a ser la principal conservadora de la unidad del pueblo mapuche. Finalmente este trabajo concluye con algunos comentarios acerca del estado actual del pueblo mapuche.


I. EL ORIGEN DE LOS HOMBRES DE LA TIERRA

Los mapuches convivían con fuerzas naturales que cada cierto tiempo se desataban: erupciones volcánicas, maremotos, terremotos e inundaciones. Este contacto con una naturaleza dinámica marcó su cultura.

Bengoa lo explicó señalando que "la historia de los pueblos que habitan hasta hoy estas tierras de Chile, comienza con la lucha feroz de los elementos desatados. El mar, el agua y la montaña, elementos centrales de esta geografía, aprisionan al hombre como entre dos tenazas, el MAL y el BIEN, disputándose estas estrechas tierras" (1).

La leyenda mapuche sobre el origen de los hombres de la Tierra, representado por el relato mítico sobre el Tren Tren y Kai Kai, representa lo anteriormente dicho. Simboliza las dos fuerzas básicas de las creencias mapuches que conviven en un frágil equilibrio. De la mantención de estas fuerzas se encargará la machi, combatiendo los espíritus malignos y reforzando el Admapu o costumbres tradicionales (2), pasando a ser considerada como el ancla de la identidad mapuche.

La leyenda consiste en:

" Allá en el mar, en lo más profundo
vivía una culebra que se llamaba Cai Cai.
Las aguas obedecían las órdenes del culebrón
y un día comenzaron a cubrir la tierra.
Había otra culebra tan poderosa como la anterior
que vivía en la cumbre de los cerros.
El Ten Ten aconsejó a los mapuches
que se subieran a un cerro.
Hicieron sacrificios y se calmó el agua
y los que se salvaron
bajaron del cerro y poblaron la tierra.
Así nacieron los mapuches " (3).



La Gran Isla de Chiloé fue hace siglos una porción de tierra unida al continente, sin islas de mayor importancia. Pero en algún momento todo esto cambió. Según cuentan los aborígenes del lugar, todos vivían en una gran armonía con la naturaleza y los dioses o pillanes que los cuidaban. Uno de ellos, el más importante a nivel local era la serpiente benigna Tren-Tren Vilu (del mapudungún Tren Tren que sifgnifica tierra y Vilu que significa culebra) que reprenta a la tierra.

En cierto momento Tren-Tren Vilu había advetido a los hombres que vivían con ella, que iba a llegar un día para el cual debían estar preparados, pues despertaría la serpiente maligna Kai-Kai (de Kai Kai que significa agua y Vilu que significa culebra), que representa a el mar y las aguas en general.

Y llegó un día en el esta advertencia se hizo realidad. Kai-Kai Vilu, había despertado con una furia inmensa, provocando que las aguas poco a poco ocuparan los lugares cercanos al mar. Los hombres corrían despavoridos para salvarse, pidiendo ayuda a
Tren-Tren Vilu, para que los cobijara y ayudara.

Tren–tren, al ver la maldad de Kai–kai, que cubria las tierras, convertiendo a los hombres en peces, al igual que todos los animales terrestres que eran alcanzados por el agua, empezó a elevar las tierras y salvar a los hombres de las aguas que se elevaban cada vez más y más.

En ese momento las dos fuerzas antagónicas, Tren-Tren y Kai-Kai, se textualemnte se trenzaron en un horrible combate, destruyendo por la furia de la lucha, aldeas, bosques y todo lo que se encontraba alrededor. Como consecuencia del violento encuentro dieron nacimiento a tantas islas como tien hoy en día el archipiélago de Chiloé.

Al final, las fuerza benignas de Tren-Tren, ganó en parte la batalla, expulsando a Kai-Kai a las profundidades del mar. Los hombres agradecieron a Tren-Tren su ayuda y esta les hizo prometer no dejarse llevar por la maldad y las ambiciones del mundo, ayudando siempre a la naturaleza y extrayendo de ella sólo lo necesario para sobrevivir, porque si en algún momento vuelven a tentarse con estas cosas, despertaría de nuevo Kai-kai Vilu, para castigar a los hombre y vengarse por su derrota, tratando de devastar la vida en la tierra nuevamente.

Se dice también que Tren-tren se manifiesta a través de un cerro mitológico que se eleva para escapar de las aguas, por eso es bastante común encontrar cerros en Chiloé y alrrededores a los cuales los lugareños llaman Tren Tren.